lunes, febrero 26, 2018

La vida y las opciones de transporte

20 minutos-BMS / EvaL-Jorge París.- La concentración de vehículos en las urbes provoca una acumulación de gases y un gran problema para la salud. La solución pasa por lograr una movilidad más sostenible. La solución a los problemas de salud en las ciudades pasa por adoptar vías de transporte sostenibles.
  
 En los últimos años, la degradación del medio ambiente está empeorando las condiciones de vida de nuestro planeta. Gran parte de la culpa de este deterioro la tienen los combustibles, y por eso las grandes ciudades son las más afectadas por esta situación, ya que es donde más coches se acumulan. Desde el año 1750, la concentración de CO2 en la atmósfera se ha incrementado en un 30% aproximadamente. El Observatorio de la Sostenibilidad en España advierte que la contaminación atmosférica, que en gran parte se debe al tráfico rodado en las ciudades, influye negativamente en la calidad de vida de los ciudadanos. Se calcula que la exposición a las partículas contaminantes se refleja en una disminución de entre 9 meses y dos años de la esperanza de vida en Europa.

 Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 24% de las enfermedades en el mundo y el 23% de los fallecimientos pueden atribuirse a factores principalmente medioambientales.

 La Agencia Internacional de la Energía afirma que 6,5 millones de personas mueren cada año de forma prematura debido en gran parte a la contaminación del aire. Para reducir esta cifra a la mitad, dicho organismo está trabajando varias medidas; el objetivo de las mismas es alcanzar ese dato en el año 2040, y la movilidad sostenible es una pieza clave de cara a las previsiones.

 La población se está concientizando de este problema y está propiciando cambios importantes en el entorno, como la tendencia a recurrir a la movilidad sostenible en lugar de métodos de transporte tradicionales. Así, están surgiendo cada vez más alternativas responsables con el medio ambiente, como los coches compartidos, los carriles bici, el aumento en el uso de transporte público o la compra de vehículos eléctricos, opción que cada vez ofrece más seguridad gracias a una mayor duración de la batería y a un aumento de los puntos de carga disponibles.


 Hay que tener en cuenta que el 70% de la población mundial vivirá en ciudades en el año 2025, un porcentaje que en el caso de Europa se elevará al 80% en 2020, según datos oficiales de Naciones Unidas.

 A nivel nacional, distintas propuestas, intentan garantizar que los sistemas de transporte reduzcan al mínimo sus repercusiones negativas mediante fomento del transporte público digno, uso de energías más sostenibles, nueva planificación urbanística e infraestructuras adecuadas.

 Se ha puesto sobre la mesa que los problemas de la movilidad se deben a múltiples factores. El primero de ellos es el enorme crecimiento de la demanda de viajeros y mercancías, hasta el punto de que el transporte supera ya el 40% de gastos en energía dentro del total nacional, con lo que esto supone también en emisión de gases de efecto invernadero. Influye además que el transporte de pasajeros se realiza por carretera en la mayoría de casos, que las conexiones intermodales entre diferentes medios de transporte son débiles y que los desplazamientos motorizados dentro de áreas metropolitanas no paran de aumentar.

 En el siglo pasado, el diseño de las zonas urbanas se fijaba principalmente en favorecer la circulación de los autos, muchas veces omitiendo otras formas de transporte. Debido a ello, en la actualidad el espacio ocupado por los vehículos en las ciudades representa más de la mitad del total, incluso en los nuevos desarrollos urbanos, entre el 70 y el 80% del espacio en ciudad está dedicado al tráfico y la contaminación ha llegado a ser preocupante.

Limitando la circulación temporalmente en múltiples ocasiones durante el último año; un escenario similar se ha dado en urbes que intentan abrirse paso hacia formas de movilidad sostenibles.

Muchas ciudades europeas sirven de ejemplo en el desarrollo de planes para restringir el tráfico de forma permanente, como Berlín, con su Umwelt Zone, donde solo se permiten vehículos que cumplan determinados estándares de emisión. También se hace en otras capitales como Atenas, Roma o Londres. 

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