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¿Por qué la opinión política está tan polarizada?

María Hidalgo-muhimu.- El tribalismo juega un papel clave en la configuración de las políticas sociales. No tenerlo en cuenta ha dado lugar a una serie de errores con consecuencias devastadoras. El tribalismo no solo afecta a países distantes como Afganistán, también es algo que moldea la vida política en occidente. Si queremos aliviar las tensiones tribales, primero tenemos que entender a las tribus.


La aclamada escritora y profesora de derecho estadounidense Amy Chua tiene una teoría que encontraras desarrollada con más profundidad y claves prácticas en los retos formativos de Diseño Social EN+. Les recomendamos si les interesa saber más sobre este tema puesto que aquí sólo haremos una breve presentación. ¡Comencemos!

Political Tribes es un estudio profundo de uno de los problemas más urgentes de la actualidad: el tribalismo. Desde la posguerra en Irak hasta la Venezuela de Chávez y la América de Trump, la vida política se ha polarizado cada vez más. Eso es un problema. Una vez que las personas dejan de intentar entenderse y se refugian en la seguridad de sus propias tribus, el conflicto se vuelve inevitable. Pero no tiene por qué ser así. Amy Chua sostiene que la política puede aliviar las tensiones siempre que esas políticas se basen en una sólida comprensión del tribalismo.


__ ¿Qué descubrirás en este post? __

Ejemplos de tribalismo social y político
 Nuestro instinto tribalista
 ¿Cómo funciona el tribalismo en la sociedad actual?
 Las tensiones entre tribus políticas son una lucha de poder
 Errores en política exterior provocados por el tribalismo político
 Qué sucede cuando los responsables de política exterior ignoran el tribalismo
 Las organizaciones terroristas se alimentan de malas decisiones políticas
 El clima político americano también fruto del conflicto entre diferentes tribus
 Comprender a otras tribus a un nivel más humano

Ejemplos de tribalismo social y político

A menudo se dice que vivimos en una época de populismo. Los grupos enojados que critican al “poder establecido” es la nueva normalidad. Desde la Venezuela de Chávez hasta el Reino Unido del Brexit y la América de Trump, la vida política se ha vuelto mucho más ruidosa y mucho más indignada desde todos los espectros políticos.

Pero como dice el viejo refrán, se necesitan dos para bailar el tango. Por cada defensor de Trump que ataca a las élites costeras, hay un liberal enojado que derrama desprecio hacia los “campesinos” que eligieron al ex presidente de los Estados Unidos.

Empezemos, ¿cómo afecta el tribalismo a la sociedad actual? Si quieres averiguar qué está pasando en el mundo de hoy, debemos partir de la base de que dividirnos en tribus es, argumenta, un instinto profundamente humano. Ya sea en el campo de fútbol o en el campo de batalla, en la cabina de votación o en el juzgado, a menudo es la identidad tribal la que impulsa el comportamiento humano.

Eso significa que debemos tomarnos en serio el tribalismo. Según el autor, el hecho de no hacer precisamente eso ha sido responsable de algunos de los mayores errores de política exterior de la historia reciente.

Nuestro instinto tribalista

¿Por qué los equipos, clubes y otros tipos de grupos inspiran emociones tan fuertes? Bueno, los humanos son criaturas tribales por instinto. Tenemos un fuerte sentido de identidad grupal. Queremos compartir nuestro sentimiento de pertenencia con otros que son como nosotros.

Las tribus se pueden centrar en muchas cosas. Pero no se trata solo de tener algo en común con los demás. A menudo, se tratan tanto de la exclusión como de la inclusión.

¿Cómo funciona el tribalismo en la sociedad actual?

En primer lugar, se basan en un vínculo compartido. Puede ser origen étnico, religión, creencias políticas, intereses mutuos u otros puntos en común. La mayoría de ellos, son etiquetas basadas en mitos.

En segundo lugar, las tribus cambian la forma en que sus miembros piensan sobre el mundo. Las identidades de los individuos a menudo se vinculan estrechamente con las de la tribu, lo que los hace dispuestos a hacer cosas en beneficio de su grupo que no harían como individuos.

El tribalismo, el acto de separarnos en tribus, a menudo se pasa por alto cuando se trata de política exterior. Eso es un error. De hecho, el tribalismo es clave para comprender cómo tratar con los países.

La política exterior estadounidense, en particular, suele estar determinada por la opinión de que las naciones son homogéneas. Los subgrupos o tribus dentro de países particulares simplemente no se tienen en cuenta.

Eso es en parte porque Estados Unidos es un país formado por muchas tribus unidas por una fuerte identidad nacional compartida. Los legisladores estadounidenses asumen que otros países también tienen un vínculo de identidad nacional fuerte que de cara al exterior, anula las lealtades tribales de sus ciudadanos.

Pero, en muchos casos, eso simplemente no es cierto. Las identidades tribales frecuentemente triunfan sobre la lealtad a los estados-nación. Y, como veremos, la política exterior que descuida el tribalismo puede tener consecuencias devastadoras a largo plazo.

Las tensiones entre tribus políticas son una lucha de poder
En teoría, no hay ninguna razón por la que las tribus no puedan coexistir pacíficamente. Pero, en muchos casos, los desequilibrios de poder del mundo real lo dificultan. Si una tribu es más fuerte que otra, podría terminar oprimiendo al grupo más débil. Esto, a su vez, genera resentimiento.
Las minorías dominantes en el mercado (tribus que controlan la mayoría de los recursos de un país a pesar de ser minorías) son una fuente importante de tensiones tribales en muchas naciones. Ya sea que esté unida por la religión, la etnia o cualquier otra cosa, la característica clave de esa tribu es su riqueza desproporcionada.

Los venezolanos blancos de ascendencia europea fueron un ejemplo de una minoría dominante en el mercado. Pero fueron marginados cuando Hugo Chávez, un representante de la mayoría de piel más oscura del país, tomó el poder.

Afganistán ofrece otro buen ejemplo de este fenómeno. Allí, la pequeña pero rica minoría tayika fue finalmente derrocada por los talibanes. Estos últimos pudieron tomar el poder porque estaban respaldados por la mayoría pastún del país. Pero los talibanes también tenían poderosos patrocinadores fuera de Afganistán. Estados Unidos proporcionó armas al grupo talibán. Estos fondos fueron transmitidos al grupo islamista por Muhammad Zia-ul-Haq, el dictador anticomunista del vecino Pakistán.

Sin embargo, la agenda de Zia no era lo que los políticos estadounidenses pensaban que era. Su objetivo principal no era derrotar a los comunistas en Afganistán, sino empoderar al Islam fundamentalista. Ese es un gran ejemplo de que Estados Unidos no reconoció las verdaderas ambiciones de sus supuestos aliados y asumió erróneamente que otros querían las mismas cosas que él.

La cuestión de qué debería reemplazar a una minoría dominante en el mercado recientemente derrocada es delicada. Una opción popular es alejarse de un gobierno autoritario y establecer instituciones democráticas. Pero esto puede salir desastrosamente mal si los legisladores no toman en cuenta las relaciones tribales.

Navegar por la transición no es fácil. La minoría dominante en el mercado es comprensiblemente reacia a ceder su poder. Las potencias occidentales creen que están corrigiendo un error al ayudar a la tribu mayoritaria a tomar el poder mediante elecciones democráticas. Sin embargo, esto a menudo genera nuevos problemas. Por un lado, la mayoría podría buscar venganza y comenzar a oprimir a la minoría que solía gobernarla. Luego está la propia minoría, que podría intentar desestabilizar al nuevo régimen mientras intenta recuperar el poder.

Todos estos factores hacen que este terreno sea muy complejo para los responsables de la política exterior. Veremos más de cerca algunos ejemplos de interferencia occidental en entornos tribales. Como descubriremos, las intervenciones a menudo pueden terminar aumentando las tensiones entre las minorías dominantes del mercado y las mayorías pobres.

Errores en política exterior provocados por el tribalismo político

A menudo se argumenta que la política exterior de Estados Unidos se basa en motivos honorables. Pero el camino al infierno suele estar empedrado de buenas intenciones. Una y otra vez, la ignorancia de la política tribal ha demostrado ser un gran obstáculo. Y el costo de los errores estadounidenses ha sido alto, tanto en casa como en el resto del mundo.

Tomemos Vietnam. Cuando Estados Unidos miró al país del sudeste asiático, vio una batalla entre el comunismo y el capitalismo. Pero de eso no se trataba realmente el conflicto. De hecho, uno de los objetivos de los vietnamitas era liberarse de una minoría dominante en el mercado del país. En Vietnam, esa minoría eran los chinos. Cuando Ho Chi Minh tomó el poder en Vietnam del Norte, cientos de miles de chinos huyeron hacia el sur para escapar de una posible persecución. Estados Unidos decidió lanzarse al ring y respaldar a su supuestamente “capitalista” aliado en Vietnam del Sur y de hecho terminó alienando a sus seguidores vietnamitas restantes.

La participación estadounidense fue enormemente rentable para la minoría china, ya que controlaba gran parte de los sectores de importación y comercio de la economía. ¡Pero lo último que quería la mayoría vietnamita era que los chinos se volvieran más poderosos!

Estados Unidos saboteó efectivamente su propio esfuerzo bélico al descuidar la importancia del tribalismo en la historia y la cultura vietnamita. Si Estados Unidos se hubiera dado cuenta de que los vietnamitas estaban más comprometidos con su tribu étnica que con el capitalismo, podría haber seguido una política diferente. Al alinearse con la mayoría, Estados Unidos habría podido obtener un apoyo mucho mayor. Como demostró en última instancia la guerra de Vietnam, no se debe subestimar la voluntad de las personas de luchar por la supervivencia de su tribu.

Qué sucede cuando los responsables de política exterior ignoran el tribalismo

Cuando comenzó la guerra de Irak en 2003, muchas personas estaban preocupadas por las consecuencias. Pero incluso los observadores más pesimistas no predijeron qué tan mal terminarían yendo las cosas. El primer error fue la planificación de la posguerra. El régimen de Saddam Hussein fue derrocado rápidamente, pero no hubo nada que lo reemplazara. El vacío de poder se llenó con fuerzas tan malas o peores que las del antiguo régimen.

El régimen baazista de Hussein había recibido un fuerte apoyo de la minoría dominante del mercado iraquí, los musulmanes sunitas. Estados Unidos asumió que la democracia florecería una vez que la vieja guardia fuera derrocada. Lo que no pudo predecir fue la furiosa reacción de la minoría que solía gobernar el país.

Impulsados ​​por el odio tanto a la mayoría musulmana chiíta de Irak como a Occidente, los ex altos funcionarios del régimen de Hussein pasaron a la clandestinidad para librar una guerra de guerrillas. Eso eventualmente llevó al establecimiento de ISIS. Una de las razones por las que este último grupo ha resultado tan difícil de superar es que está dirigido por algunas de las mejores mentes militares de Irak.

Entonces, ¿qué hizo mal Estados Unidos? Bueno, para empezar, hizo que aquellos que anteriormente habían estado en la cima se subordinaran totalmente a la nueva mayoría gobernante. Eso fue como echar gas al fuego.

La decisión destruyó las esperanzas de los ex funcionarios del régimen de que pudieran mantener sus posiciones en la sociedad iraquí, lo que los dejó sintiéndose humillados e impotentes. Eventualmente decidieron abrirse camino de regreso al poder usando la fuerza. Estados Unidos fue ingenuo al creer que las personas que antes eran poderosas renunciarían a sus beneficios sin luchar. Si hubiera prestado mayor atención a la lucha por el poder entre diferentes grupos tribales en Irak, podría haber predicho el próximo movimiento de los funcionarios del antiguo régimen.

Las organizaciones terroristas se alimentan de malas decisiones políticas
Dos de los grupos terroristas más poderosos de la actualidad, Al Qaeda e ISIS, son producto de errores de cálculo de la política exterior estadounidense. Ambos grupos surgieron porque Estados Unidos no prestó la debida atención al tribalismo político.

Las personas poderosas de las naciones tribales saben cómo aprovechar el tribalismo para promover su propia agenda.

Tomemos a los grupos terroristas. A menudo están dirigidos por miembros ricos y bien educados de tribus cuyo poder ha sido socavado en sus propios países. Eso significa que son muy efectivos para aprovechar los sentimientos de alienación y frustración entre los miembros de la tribu.

Osama bin Laden de Al-Qaeda, por ejemplo, era un maestro de la manipulación política. Trató de unir a diferentes tribus en un grupo más grande de musulmanes para crear un nuevo sentido de “nosotros”, que se oponía a “ellos”: los malvados estadounidenses y sus aliados.

ISIS, por otro lado, intentó unir a los musulmanes sunitas en una guerra contra los musulmanes chiítas. Esa estrategia permitió al grupo fortalecer los lazos entre sus miembros y, al mismo tiempo, aprovechar la idea más general de que Occidente había “humillado” al Islam.

El sentimiento de exclusión es un poderoso impulsor del tribalismo. Los miembros de grupos étnicos minoritarios a menudo buscan miembros de su propia tribu.

La moral de grupo es una cuestión secundaria; lo que es importante es el sentido de empoderamiento que viene con el sentido de pertenencia.
En los países occidentales, el mal trato a los musulmanes deja a este grupo minoritario sintiéndose aislado. Por lo tanto, muchos musulmanes anhelan un entorno en el que se sientan respetados y poderosos. Esto crea un círculo vicioso similar al auge del fascismo. Los políticos populistas apuntan a comunidades musulmanas enteras en países occidentales después de los ataques terroristas. Eso, a su vez, es probable que haga que más jóvenes musulmanes se sientan distanciados y susceptibles al sentido de pertenencia inclusiva que ofrecen los grupos terroristas.

El clima político americano también fruto del conflicto entre diferentes tribus

El tribalismo político ha llegado a Estados Unidos y está provocando divisiones sin precedentes en el país. La política de identidad tiene parte de la culpa. En los Estados Unidos, cada vez más personas se refugian en la comodidad de sus propias tribus.

El panorama político de Estados Unidos experimentó importantes cambios después del colapso de la Unión Soviética. Las cuestiones económicas ya no dominaban la política. Lo que se volvió más importante fue la “política del reconocimiento”. Esa es esencialmente una forma de ver la opresión que usa la lente de la raza en lugar de la clase. Esto finalmente se transformó en la política de identidad actual.

Ahora, la izquierda blanca ha establecido que su misión es luchar por los derechos de las minorías. Muchos dirían que es una empresa encomiable. Pero, para algunos miembros de la sociedad, este cambio de énfasis ha tenido un efecto adverso. Muchos blancos de clase trabajadora sienten que les han quedado atrás en su propio país. Ese sentido de privación de derechos ha dado lugar a una nueva tribu basada en la etnia y la clase.

Podría decirse que la elección de Donald Trump fue el resultado de este cambio radical en la política estadounidense. Terminó llegando al poder a costa de una mayoría pobre que quería deshacerse de una minoría dominante en el mercado. La mayoría de la clase trabajadora que apoyó a Trump cree que el sueño americano ya no está a su alcance. Pero no han abandonado el sueño en sí.

Tampoco han culpado a grupos más ricos, como los dueños de corporaciones. Según ellos, las personas responsables de sus problemas pertenecen a una tribu rival: la élite costera. Debido a que el gobierno ha estado en manos de esa élite durante tanto tiempo, han comenzado a verse como una especie de minoría dominante en el mercado.

Entonces, ¿quién pertenece a esta tribu? En el corazón de la llamada élite costera se encuentran los estadounidenses cosmopolitas, de clase media y con educación universitaria. Por lo general, se inclinan hacia la izquierda, pero la tribu también incluye a republicanos que han “perdido contacto” con la América Central. Sin embargo, la hostilidad va en ambos sentidos. Las élites costeras a menudo se burlan de sus conciudadanos que se aferran a ideas anticuadas sobre lo que significa ser estadounidense. También se burlan de los cristianos. A sus ojos, la religión a menudo es sinónimo de valores atrasados como la homofobia y el racismo. El efecto de esto es abrir una brecha en la vida política estadounidense. Han surgido dos tribus hostiles. Se desprecian mutuamente y se retiran cada vez más a sus respectivas identidades tribales frente a la identidad común.

Comprender a otras tribus a un nivel más humano

Los miembros de una tribu miran a los no miembros con desprecio. Ese es un instinto poderoso. Pero, si queremos que el mundo sea un lugar más pacífico, tenemos que aprender a superar esas reacciones instintivas.

La comprensión de las diferentes tribus es de vital importancia si queremos hacer avances políticos. Por eso es a la vez contraproducente e injusto llamar a los votantes de Trump “hillbillies incultos”. Pensar en esos términos termina negando a millones de estadounidenses su derecho a sentirse ansiosos por la forma en que Estados Unidos está cambiando.

Otra afiliación tribal en los Estados Unidos de hoy gira en torno a la religión. Muchos de los ciudadanos más pobres del país están unidos en todas las razas por el “evangelio de la prosperidad”. Ignorado por muchos miembros de la élite costera, este movimiento religioso apoyó al político que los apoyaba, razón por la cual algunos votantes latinos y negros estadounidenses votaron por Trump.

El evangelio de la prosperidad enseña que hacerse rico te acerca a Dios. Debido a que muchos ciudadanos de la clase trabajadora creen en el sueño americano y son profundamente religiosos, es una idea intrínsecamente atractiva. También les habla de una manera que el movimiento Occupy no hizo. Este último no parecía representarlos realmente.

Afortunadamente, desde la marcha de Trump, muchos estadounidenses han comenzado a acercarse a sus conciudadanos, a pesar de las divisiones tribales. Tomemos como ejemplo a los vecinos bosnios musulmanes y cristianos unitarios de Nueva York que decidieron sentarse juntos para ver el Super Bowl. Dejaron a un lado la política y trataron de conocerse como humanos. Ese es un enfoque que también ha sido fructífero en otros lugares.

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