Pocas victorias y muchas palabras: ¿qué se llevó Trump de China?

Alex Wong / Gettyimages
La visita de tres días de Donald Trump a Pekín, que se esperaba con gran interés, concluyó en un ambiente de optimismo diplomático ostensible por ambas partes.

Sin embargo, más allá de la solemnidad externa de la cumbre, expertos no vieron un avance real: las contradicciones fundamentales entre Washington y Pekín siguen siendo profundas.

Acuerdos limitados

Según Reuters, el enfoque principal de Trump se centró en alcanzar acuerdos comerciales concretos, mientras que Xi Jinping buscaba consolidar un marco más a largo plazo para las relaciones bilaterales.

Algunos pactos se dieron a conocer durante la cumbre. Trump declaró que Pekín había acordado comprar alrededor de 200 aviones Boeing para su industria aeronáutica. Bloomberg reportó que esto quedó por debajo de los 500 Boeing 737 Max y los aviones de fuselaje ancho adicionales que se esperaba que compraran las aerolíneas chinas en el extremo máximo del acuerdo.

Reuters también informa que Estados Unidos ha autorizado a unas 10 empresas chinas a comprar el segundo chip de IA más potente de Nvidia, el H200. Antes de que se endurecieran las restricciones a la exportación de Estados Unidos, Nvidia controlaba alrededor del 95 % del mercado chino de chips avanzados y ahora podría recuperar parcialmente su posición.

La incertidumbre comercial persiste

A pesar de algunos acuerdos puntuales, el panorama general de las relaciones comerciales sigue siendo inestable. No se han anunciado oficialmente cambios en los aranceles, pero se espera que se prolongue la 'tregua' temporal alcanzada durante la cumbre el año pasado, que incluía una reducción de los aranceles y una flexibilización parcial de las restricciones sobre los elementos de tierras raras.

Xi Jinping declaró que las partes acordaron un formato de "estabilidad estratégica" para los próximos tres años, el cual podría servir de base para las relaciones futuras.

"Estratégicamente, Pekín parece estar tratando de convertir la disposición transaccional de Trump para estabilizar las relaciones en un marco operativo a más largo plazo para las relaciones entre Estados Unidos y China", afirmó Jack Lee, analista de China Macro Group, señalando que dicho marco podría convertirse en una referencia para las relaciones con Pekín del próximo presidente del país norteamericano.

Por su parte, el profesor del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, Iván Zuyénko, señala que no hay que esperar un gran avance. "Se puede esperar una pequeña reducción de los aranceles y algunos nuevos acuerdos comerciales, entre ellos la compra de petróleo y aviones estadounidenses. Pero lo más importante no sucederá: Washington no renunciará a su política de contención del desarrollo de China", indicó.

"Trump valoró la cumbre de Pekín a su manera. Ya hemos oído hablar muchas veces de acuerdos y victorias 'fantásticos' que, al final, resultaban ser un montón de nada. Tampoco en este caso hay que sobrevalorar las palabras bonitas y los gestos. Lo más importante es que China y Estados Unidos, en principio, organizaron esta cumbre y demostraron su voluntad de restablecer las relaciones que el propio Trump rompió en 2018 con su guerra comercial", añadió.

Taiwán como principal factor de tensión

Uno de los temas más delicados de las negociaciones fue el de Taiwán. El líder chino llegó incluso a mencionar el riesgo de caer en la trampa de Tucídides, un concepto que hace referencia a que el ascenso de una potencia puede conducir a un conflicto con la potencia hegemónica vigente debido al aumento de la tensión, incluso si ambas partes desean evitarlo.

"La cuestión de Taiwán es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos", dijo Xi.

"Si se maneja mal, las dos naciones podrían chocar o incluso entrar en conflicto, lo que empujaría toda la relación entre China y Estados Unidos a una situación altamente peligrosa", agregó.

Y parece que Trump no ha encontrado una respuesta clara a este desafío. "Él [Xi] me preguntó si los defendería. Le respondí: 'No hablo de eso'", declaró el mandatario a los periodistas a bordo del Air Force One, al salir de China.

Sin un aliado en la cuestión iraní

La crisis de Oriente Medio constituyó un punto aparte en la agenda. Según Trump, Xi Jinping expresó su disposición a contribuir a la resolución del conflicto y aseguró que China no suministraría armas a Irán. El secretario de Estado, Marco Rubio, en una entrevista con NBC News, sostuvo que Estados Unidos no había solicitado la ayuda de China para resolver el conflicto.

Pekín, por su parte, reiteró su posición anterior: apoya una solución diplomática y aboga por la navegación normal en las rutas marítimas estratégicas, incluido el estrecho de Ormuz, al tiempo que subraya que su postura no ha cambiado.

El país asiático respalda el compromiso declarado de Irán de no desarrollar armas nucleares, aunque apoya el derecho de la nación persa a un programa nuclear con fines pacíficos.

China también manifestó su propia interpretación de la guerra en un comunicado publicado por su Ministerio de Relaciones Exteriores este viernes por la mañana, en el que afirmó que "nunca debería haber ocurrido". Además, subrayó que la postura de China era "muy clara".

Por lo tanto, a pesar de las declaraciones de Trump, la postura de Pekín se ha mantenido sin cambios. "Lo que llama la atención es que no hay ningún compromiso por parte de China de hacer nada concreto con respecto a Irán", indicó Patricia Kim, investigadora de política exterior del Instituto de Brookings (EE.UU.).

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