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| Argelia y E.A.U |
Por Farhad Ibraguímov.- La semana pasada, Argelia hizo un anuncio inesperado: rompió relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos (EAU). El embajador emiratí fue convocado al Ministerio de Asuntos Exteriores y recibió un plazo de 48 horas para abandonar el país. En un comunicado oficial, las autoridades argelinas acusaron a Abu Dabi de llevar a cabo con creciente frecuencia "acciones provocadoras y hostiles", señalando que se habían agotado todos los "esfuerzos por preservar los vínculos bilaterales". No mencionaron ningún incidente concreto que pudiera haber desencadenado esa decisión.
La primera consecuencia práctica de la ruptura de relaciones diplomáticas fue el cierre del espacio aéreo argelino, vedado desde el 11 de septiembre a las aeronaves civiles y militares de EAU. Se mantiene una excepción temporal para los vuelos comerciales con origen o destino en el aeropuerto Houari Boumediene de Argel, que podrán seguir operando hasta finales de 2026, cuando expire el acuerdo de servicios aéreos firmado en 2013.
Emiratos Árabes Unidos espera que la ruptura de relaciones sea temporal. Anwar Gargash, asesor del presidente emiratí, señaló —sin mencionar directamente a Argelia— que la diplomacia debe basarse en intereses claros y no en "acertijos y señales que requieran ser descifrados".
El presidente de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Mohamed bin Zayed Al NahyanChesnot / Gettyimages
En realidad, no hay ningún misterio. La decisión llevaba meses gestándose y las razones se encuentran dispersas por todo el mapa del norte de África, desde el Sáhara Occidental hasta la provincia libia de Fezzán y Malí. En esas regiones, Argelia se ha topado cada vez más con una presencia emiratí que, por lo general, se alineaba con sus rivales.
De la asociación a las sospechas
Las relaciones diplomáticas entre los dos países árabes se establecieron en 1974 y durante décadas se desarrollaron sin grandes crisis. En 2015, el ministro de Asuntos Exteriores de EAU, Abdullah bin Zayed, describió a Argelia como uno de los socios más importantes de los Emiratos. Una comisión conjunta trabajaba con regularidad y se firmaron decenas de acuerdos.
En febrero de 2023, ambas partes se proponían elevar sus relaciones al nivel de asociación estratégica. El volumen del comercio no petrolero ascendía a aproximadamente 800 millones de dólares, mientras que las inversiones de los EAU en Argelia se valoraban en 600 millones de dólares. Entre las monarquías del Golfo, los EAU eran el mayor socio comercial de Argelia. Pese a ello, los intereses económicos y políticos fueron divergiendo cada vez más.
Argelia concede tradicionalmente prioridad a la no injerencia y a la preservación de las fronteras existentes. Los EAU, por su parte, combinan las inversiones en puertos e infraestructuras con la cooperación militar y el apoyo a determinadas fuerzas. Para Abu Dabi, este es un método habitual de convertir capital en influencia. Desde la perspectiva argelina, esa actividad resulta preocupante cuando se dirige a países vitales para su propia seguridad.
La cuestión marroquí
Marruecos se encuentra en el centro del conflicto. Argelia y Marruecos llevan décadas enfrentados por el Sáhara Occidental: Rabat lo reclama como propio, mientras Argel apoya al Frente Polisario y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. La frontera terrestre entre ambos países permanece cerrada desde 1994 y, en 2021, rompieron por completo sus relaciones diplomáticas.
Los EAU tomaron una postura clara en esa disputa. En noviembre de 2020 se convirtieron en el primer Estado árabe en abrir un consulado general en El Aaiún, ciudad situada en la parte del Sáhara Occidental controlada por Marruecos. Para Rabat, aquello supuso una victoria diplomática; para Argel, fue una clara demostración de apoyo a su principal rival regional.
El presidente de Argelia, Abdelmadjid TebbouneOmer Messinger / Gettyimages
Ese mismo año, los EAU y Marruecos normalizaron sus relaciones con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham. Posteriormente, la cooperación entre Marruecos e Israel se amplió al ámbito militar y a la colaboración entre los servicios de inteligencia. Desde la perspectiva argelina, Marruecos, Israel y los EAU formaron una especie de alianza. A medida que esos vínculos se estrechaban, Argelia empezó a hablar cada vez más de presión externa emiratí. Las sospechas se reforzaron con las inversiones de Abu Dabi en infraestructuras marroquíes, como el puerto de Dajla, en el Sáhara Occidental, y el de Nador.
Los medios locales estiman que las inversiones de los EAU en Marruecos han alcanzado los 15.000 millones de euros. Con la frontera cerrada y el conflicto del Sáhara Occidental abierto, Argelia contemplaba esos nuevos puertos ante todo desde una perspectiva geopolítica.
Un preocupante 'cinturón' en el sur
El segundo problema está al sur de Argelia. Durante años, Argelia actuó como mediadora entre el Gobierno de Malí y los movimientos tuareg. Sin embargo, tras una serie de golpes de Estado, su influencia disminuyó y las relaciones con Bamako se deterioraron. Rusia, Turquía, Marruecos y los EAU han incrementado su presencia en el Sahel. Abu Dabi sembró vínculos con las nuevas autoridades de la región, concedió préstamos a Chad y amplió su presencia en Sudán. Argelia considera que todo ello fortalece al aliado más cercano de Marruecos justo cuando sus propias relaciones con los vecinos del sur atraviesan una crisis.
Libia es una cuestión especialmente delicada. Los EAU llevan mucho tiempo siendo uno de los principales apoyos externos de Khalifa Haftar, cuyas fuerzas controlan el este del país y buena parte del sur de Fezzán. Para Argelia no se trata de una guerra civil lejana: la provincia de Fezzán limita con su territorio y el movimiento de grupos armados en la zona se percibe como una amenaza directa. El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, advirtió de que su país actuaría si las fuerzas de Haftar se acercan a sus fronteras.
De ahí la impresión de un preocupante "cinturón" que rodea a Argelia: Marruecos al oeste, el inestable Sahel al sur y fuerzas alineadas con los EAU en Libia al este. Puede que no exista un plan unificado para "cercar a Argelia", pero en política exterior una amenaza percibida suele ser tan importante como una amenaza real.
Una línea roja dentro del país
Las acusaciones más graves de Argelia contra los EAU se refieren a una supuesta injerencia en sus asuntos internos. Medios de comunicación afines al Gobierno argelino han acusado a los EAU de mantener vínculos con el Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia, organización catalogada como terrorista por las autoridades argelinas que aboga por la independencia de esa región de mayoría bereber.
El movimiento, que opera principalmente desde el extranjero, mantiene relaciones con Marruecos e Israel.
No se ha presentado ninguna prueba pública de que los EAU financien a la organización. Pero para la dirección argelina, cualquier implicación extranjera en la cuestión de Cabilia constituye una línea roja. En este sentido, el Sáhara Occidental y Cabilia se reflejan mutuamente: Argelia apoya la autodeterminación de los saharauis, mientras Marruecos apoya al movimiento cabileño; desde el punto de vista argelino, los EAU se alinean con Marruecos también en esta cuestión.
Hasta hace poco, ambas partes evitaban formular acusaciones directas. En 2024, el Alto Consejo de Seguridad de Argelia se refirió a "actos hostiles de cierto Estado árabe" sin mencionar directamente a los EAU. Más tarde, Tebboune afirmó que Argelia mantenía buenas relaciones con todas las monarquías del Golfo "excepto una", a la que acusó de injerencia y de alimentar los conflictos en Libia y Malí. Todo el mundo entendió a qué país se refería, pero las misiones diplomáticas siguieron funcionando.
En febrero de 2026, las insinuaciones dieron paso a las acciones: Argelia inició el proceso para cancelar un acuerdo de servicios aéreos con los EAU. Ya entonces parecía inevitable una ruptura total de las relaciones. La última decisión, retirar al embajador, no hizo más que oficializar un conflicto de larga data.
Argelia ya no se limita a su tradicional postura defensiva.
Tras una grave crisis, las relaciones con Malí comenzaron a mejorar; en el verano de 2026, ambos países restituyeron a sus embajadores y reabrieron sus respectivos espacios aéreos. Al mismo tiempo, Argelia intensificó sus actividades en Níger, dando a entender que estaba dispuesta a desplegar sus fuerzas armadas más allá de sus fronteras para proteger sus intereses. En consecuencia, la ruptura con los EAU puede interpretarse no solo como una reacción a la presión externa, sino también como parte del intento argelino de recuperar su papel como potencia líder en el Sahel.
Una frontera aérea
El impacto económico de la ruptura de relaciones será considerable, pero no crítico. Aunque ambos socios son importantes el uno para el otro, ninguno es indispensable. El mensaje político pesa mucho más. Argelia está dispuesta a pagar el precio de una decisión que considera una cuestión de seguridad nacional, mientras que es poco probable que los EAU reconsideren su asociación con Marruecos solo para reconciliarse con Argelia.
La rivalidad entre Argelia y Marruecos hace tiempo que dejó de ser una disputa entre dos vecinos: las monarquías del Golfo, Israel y los Estados del Sahel se han visto arrastrados a ella. Ahora, cualquier puerto, consulado o préstamo se evalúa a través del prisma de la influencia y de la preocupación por quién se beneficiará de ello en el norte de África.
Por lo tanto, el cierre del espacio aéreo es algo más que una prolongación técnica de la ruptura diplomática. Como no comparte frontera terrestre con los EAU, Argelia está trazando una frontera política. Un estrecho corredor aéreo seguirá abierto entre ambos países hasta finales de año, pero la época en la que el comercio podía desarrollarse al margen de la lucha por la influencia ya ha terminado.



