jueves, junio 09, 2016

¿PODRÍA SER PEOR? BAYER OFRECE 55.200 MILLONES POR LA MULTINACIONAL DE TRANSGÉNICOS MONSANTO

muhimu.es – por MARÍA HIDALGO.- De Monsanto, productora de semillas y productos para la agricultura, conocíamos el peligroso el problema de la fabricación de PCB (comercializado en Francia como Pyraléne) y Glifosfato, recogida en un documental que denunciaba la contaminación provocada por la fábrica causó y continúa causando víctimas, mayoritariamente en la población negra más pobre, elevando la tasa de diversos tipos de cáncer. Y no es el único escándalo en el que se ha visto envuelto. 


Después de muchos años de denuncias por parte de movimientos campesinos y ecologistas y centros de investigación independientes, el herbicida estrella de Monsanto y el más vendido en el mundo, el glifosato (principio activo de la marca comercial Roundup), a pesar de los lobbies de la agroindustria, ha sido recalificado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependiente de laOrganización Mundial de la Salud (OMS), como posible cancerígeno.



Pero Monsanto no sólo es conocido por sus polémicas, también por ser muy rentable. Quizás por ello, las polémicas y los problemas de salud que causa no han sido impedimento para que el grupo químico y farmacéutico Bayer haya ofrecido 62.000 millones de dólares en efectivo según reveló la compañía alemana a la Comisión Nacional del Mercado de valores (CNMV), por la totalidad del capital de la estadounidense Monsanto.

Tal y como ETC advirtió por primera vez en mayo del año pasado y de nuevo en febrero de este año, las dos fusiones en puerta entre los Seis Gigantes de los negocios agrícolas harían inevitable una tercera asociación. El objetivo de Bayer es convertirse en una compañía líder en el sector agrícola según explica la propia empresa alemana que considera que la operación ofrece una oportunidad para lograr una posición dominante en negocios como el de las semillas y productos fitosanitarios.

SOBERANÍA ALIMENTARIA FRENTE AL NEGOCIO DE LAS SEMILLAS

Expertos denunciaron el efecto del glifosato en los pueblos fumigados y el riesgo de que los países se sume al Acuerdo Transpacífico (la transparencia del TiSA es aún peor que la del TTIP), dando a las empresas beneficios de las patentes. Las manifestaciones políticas y populares, así como los debates en los medios de comunicación nacionales y con los legisladores de cada país, podrían asestar a los Gigantes Genéticos un golpe que impida estas fusiones. El fondo de la lucha no es evitar las fusiones, sino principalmente avanzar en el camino a terminar con el complejo industrial químico y de patentes de semillas. La mayor integración de la industria hace que la lucha por la soberanía alimentaria resulte mucho más complicada y nos alejemos del respeto a ese derecho.

La Ley de Obtentores de Vegetales, conocida como la Ley Monsanto, que obliga a pagar por el uso de semillas transgénicas, amenaza la soberanía alimenticia en muchos países. La Ley Monsanto, que establece pagos por la propiedad intelectual de las semillas transgénicas, deja sin protección, según los activistas, a los pequeños agricultores, ya que las semillas patentadas por grandes transnacionales y corporaciones privadas estarán gravadas con un precio en el que ellos no tendrán influencia.

La Soberanía Alimentaria es el derecho de los pueblos, de sus Países o Uniones de Estados a definir su política agraria y alimentaria sin el ‘dumping’; esto es, sin el control, prácticas monopolísticas y el acaparamiento económico que ejercen en el mercado empresas multimillonarias transnacionales frente a países terceros. El concepto fue desarrollado por Vía Campesina y llevado al debate público en la Cumbre Mundial de la Alimentación en 1996.

Los partidarios del concepto de soberanía alimentaria plantean un marco para la gobernanza de las políticas agrícolas y alimentarias que incorpora una amplia serie de temas, tales como la reforma agraria, el control del territorio, los mercados locales, la biodiversidad, la autonomía, la cooperación, la deuda, la salud, y otros relacionados con la capacidad de producir alimentos localmente.

Abarca políticas referidas no sólo a localizar el control de la producción y de los mercados, sino también a promover el Derecho a la alimentación, el acceso y el control de los pueblos a la tierra, agua, y recursos genéticos, y a la promoción de un uso ambientalmente sostenible de la producción.

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